No es fácil escribir palabras que probablemente no pensé tener en
mi mente. No se trata de fantasear con versos imposibles o creaciones
gramaticales revolucionarias y absurdas. No. Realmente no
es fácil pensar en articular diferentes ideas que de ser pronunciadas
no tendrían eco. Palabras que en el silencio se interpretan mejor.
Un ejercicio de la
mente y diferentes lecciones aprendidas. No son pocos los pasos que
conducen al túnel en que de un momento a otro todas las escenas que pensabas
eran tu vida, cambian de súbito. Y sin embargo, en cada uno de esos pasos, las
escenas que se añoran y se repiten en la cabeza son siempre recurrentes.
No son muchas, no es un desfile interminable de recuerdos. Y no es
tan sencillo como tu rostro y tu sonrisa. Esa tarea la hacen las fotos y
los videos.
Al caminar, cada
paso trae elementos de diferentes encrucijadas, decisiones que se tomaron de
manera inconsciente o consciente y que labraron el destino. La realidad.
Me rehusó a enfocar los detalles que puedo lamentar de una u otra manera.
Espero ser un poco objetivo conmigo mismo, pero eso a todas luces es difícil.
Me cuesta mucho aceptar que en algún momento, siempre hubo dos maneras de
hacer las cosas y no solo mi voluntad.
Pero quiero ser
objetivo.
De mil factores
que incidieron, solo dos me pusieron de nuevo en este punto de mis letras.
En la mente pueden existir incontables opciones que se hubieran
desarrollado si tan solo las decisiones de un punto u otro hubieran sido
diferentes. Pero, esos son supuestos. En millones de combinaciones
posibles, apareciste de una forma que es tan impresionante, que estoy
perdiendo la oportunidad de llevarlo a una editorial. Estos son los
hechos.
Y al estar acá,
todo ha cambiado. Cada evento, cada percepción es diferente y a veces me
cuesta interpretarla igual que antes y la verdad, creo que no sería sano querer
hacerlo todo de la misma manera en que alguna vez fue. Y las palabras que
son difíciles de escribir no describen otra cosa que la complicación de
extrañar de una manera completamente nueva.
Es como querer
formular mil preguntas que quieren saber una simple respuesta. Esa misma
que explica el porqué de todo esto en un momento en que sería más fácil
respirar profundo, abrir los ojos y mirar al cielo, para darnos cuenta que las
nubes que cubren el azul de mi cielo, no son las mismas que tú ves. No es
tal vez ni siquiera el mismo azul. Y pese a todo esto, debo admitir que
son contadas las veces en que pienso que es más fácil dejar de razonar y seguir
un impulso, visceral y crudo, en el que no hay ningún interés en medir las
consecuencias o en razonar la lógica tras cada uno de mis actos. No
quiero hacerlo, pues así lo hice antes. Así es siempre. Y nada de
lo que significas se asocia a un patrón que pueda reconocer en mi vida.
Todo se ha tornado tan atractivamente diferente.
No, no fue un
impulso. Esto no pretende demostrar nada, más allá del complejo hecho que
significa saber que tus ojos pueden llegar a leer estas palabras.
Y es tan difícil de explicar tantas de las cosas que siento y los inmensos nudos de mi conciencia y mi ánimo, que si algún día lo intento, solo será ante esos mismos ojos.
Entonces, será una como intentar hacer una breve traducción del silencio. Nada de lo que digo fue producto del mal de alturas.
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