domingo, 21 de abril de 2013

Km's & Señales


Los pies helados.  Una larga carretera por delante y la visibilidad no se extiende más allá de los 10 metros.  Hay neblina, lluvia y un intenso tráfico.  Atrás quedan carros varados a lado y lado del camino que no son más que un recuerdo de eventos que en algún momento impulsaron el ánimo.  Llueve copiosamente.  Las gotas caen al ritmo de la música.

Apuesto que nunca aceptaremos las muchas veces que hemos mirado por el espejo retrovisor.  Y cuando llegue el momento de hacerlo de nuevo, ¿que sera lo que veremos?  Probablemente voy a preferir recordar mi rostro asomándose en el panorámico del carro que venía justo por detrás.  O tal vez un paisaje desértico, olas de arena y pistas de baile aleatorias. Sabanas, desorden y cervezas.  Plazas poco vistosas y hoteles de lujo.  Sin pensarlo, son miles de kilómetros al alcance de un simple vistazo.

Es curioso, pero esta vez es divertido que la carretera presente estas condiciones.  Hay que mirar detalladamente las señales y esperar con mucha calma el próximo giro.  Izquierda.  Recoger provisiones, cargar algo de gasolina y tal vez, encender por un momento la conciencia para no olvidar por donde hemos venido. Derecha.  Probablemente podemos medir muchas cosas en términos de kilometraje y de hecho sería un ejercicio divertido si es que acaso podemos estipular en qué momento se puede acoplar un cambio de filtro o tal vez un elegante polichado.

Y en el incesante cambio de rutas al que nos vemos sometidos,  cuando llegue el momento de hacerlo, cuando los ojos se dirijan de nuevo hacia atrás y los parpados se abran levemente, cuando el destello de luces emitido por una supernova de coincidencias nos deslumbre los ojos y pierda cualquier visibilidad de lo que está por venir, no esperes otra cosa diferente a que vaya a fondo.  ¿Qué tan largo sera esto? Claramente no lo sé.

Acá sentado recuerdo que he parado al lado de un lago adornado con un borde de luces de neón.  Lámparas inclinadas que rozan el suelo y doncellas sin rostro que pasean en carrozas jaladas por el aire.  Relojes de agua que acompañaban el ocaso de días que no se olvidan.  Trajes de látex, vestidos de piel, ningún  remordimiento.  Cajas de postres, galletitas y chocolates amargos aun no descubiertos.  La maleta siempre lista.  Rutas al sur, caminos en la montaña.  Casas en construcción y un rincón del mundo que es difícil de olvidar si cada vez que se recuerda parece un peaje de la vida misma.  

Recuerdo unos Converse viejos.  Se pasean por el mundo y por ahora se antojan inalcanzables. Tengo los pies helados pero es que este asiento es como una parte de mi subconsciente. Tal vez por eso recuerdo con tanto detalle el perfil de tu rostro.  





Soundtrack: Passenger // Deftones.

martes, 9 de abril de 2013

Cambio de Hábitos


No es fácil escribir palabras que probablemente no pensé tener en mi mente.  No se trata de fantasear con versos imposibles o creaciones gramaticales revolucionarias y absurdas. No. Realmente no es fácil pensar en articular diferentes ideas que de ser pronunciadas no tendrían eco. Palabras que en el silencio se interpretan mejor.

Un ejercicio de la mente y diferentes lecciones aprendidas.  No son pocos los pasos que conducen al túnel en que de un momento a otro todas las escenas que pensabas eran tu vida, cambian de súbito. Y sin embargo, en cada uno de esos pasos, las escenas que se añoran y se repiten en la cabeza son siempre recurrentes.  No son muchas, no es un desfile interminable de recuerdos.  Y no es tan sencillo como tu rostro y tu sonrisa.  Esa tarea la hacen las fotos y los videos.

Al caminar, cada paso trae elementos de diferentes encrucijadas, decisiones que se tomaron de manera inconsciente o consciente y que labraron el destino. La realidad.   Me rehusó a enfocar los detalles que puedo lamentar de una u otra manera.  Espero ser un poco objetivo conmigo mismo, pero eso a todas luces es difícil.  Me cuesta mucho aceptar que en algún momento, siempre hubo dos maneras de hacer las cosas y no solo mi voluntad.

Pero quiero ser objetivo.

De mil factores que incidieron, solo dos me pusieron de nuevo en este punto de mis letras.  En la mente pueden existir incontables opciones que se hubieran desarrollado si tan solo las decisiones de un punto u otro hubieran sido diferentes.  Pero, esos son supuestos.  En millones de combinaciones posibles, apareciste  de una forma que es tan impresionante, que estoy perdiendo la oportunidad de llevarlo a una editorial.  Estos son los hechos.

Y al estar acá, todo ha cambiado.  Cada evento, cada percepción es diferente y a veces me cuesta interpretarla igual que antes y la verdad, creo que no sería sano querer hacerlo todo de la misma manera en que alguna vez fue.  Y las palabras que son difíciles de escribir no describen otra cosa que la complicación de extrañar de una manera completamente nueva.

Es como querer formular mil preguntas que quieren saber una simple respuesta.  Esa misma que explica el porqué de todo esto en un momento en que sería más fácil respirar profundo, abrir los ojos y mirar al cielo, para darnos cuenta que las nubes que cubren el azul de mi cielo, no son las mismas que tú ves.  No es tal vez ni siquiera el mismo azul.  Y pese a todo esto, debo admitir que son contadas las veces en que pienso que es más fácil dejar de razonar y seguir un impulso, visceral y crudo, en el que no hay ningún interés en medir las consecuencias o en razonar la lógica tras cada uno de mis actos.  No quiero hacerlo, pues así lo hice antes.  Así es siempre.  Y nada de lo que significas se asocia a un patrón que pueda reconocer en mi vida.  Todo se ha tornado tan atractivamente diferente.  

No, no fue un impulso.  Esto no pretende demostrar nada, más allá del complejo hecho que significa saber que tus ojos pueden llegar a leer estas palabras.  

Y es tan difícil de explicar tantas de las cosas que siento y los inmensos nudos de mi conciencia y mi ánimo, que si algún día lo intento, solo será ante esos mismos ojos.

Entonces, será una como intentar  hacer una breve traducción del silencio.  Nada de lo que digo fue producto del mal de alturas.