domingo, 31 de marzo de 2013

Sorpresas e Ineditos.




Voy a empezar por recordar que no había visto tu sonrisa en mucho tiempo. El mismo que tal vez se contaba desde que tuve el tono de tu voz por ultima vez, aunque probablemente todo junto sea menos que los días pasados desde que vi por última vez tu cabello (o tu rostro en fotos).  Pero acariciarlo y sentirlo, es algo que tal vez no disfrutaba de mucho, mucho antes.

Y sin embargo lo curioso de todo lo que paso y de cuanto pudiera escribir es que jamás, jamás había interpretado tu presencia desde una óptica tan particular como la de estos días.  Jamás, creo yo, te había tenido tan cerca y me sentía tan impotente para hablarte.  

Tal vez, en un principio era una sencilla impotencia y simplemente la interpretación temeraria (y por supuesto conveniente) que algunos de tus gestos me sirvieron para crear una excusa en mi mente, cuya justificación aun me esfuerzo por convencerme, radicaba en no incomodarte...

.....pero el problema puede ser que mi reacción se acomode más a la realidad que vivo cuando me enfrento a algo que no he vivido y que mueve buena parte de mis cimientos emocionales.  Es con seguridad, la reacción de una persona que vive huyendo constantemente del enfrentamiento directo con cosas que puedan desnudar la fragilidad y todas esas razones sobre las cuales no puedo superponer mi orgullo.

La realidad entonces es que hasta esta semana, no te había tenido tan cerca de manera que extrañarte me desnudara a este nivel...

En detalle: no había tenido que vivir tan cerca de ti al tiempo que recordaba una infinidad de cosas, en un constante flashback de memorias y emociones en donde eres la actriz principal.  No había tenido que verte ir teniendo la certeza de que no voltearías a mirar.   No tuve antes que buscarte (sin éxito) en una calle llena de extraños o apostar por la conspiración de cruzarme contigo en un evento con cien mil almas rondando y bailando.  

¿Que pudo ser, más allá de la distancia y el empleo abusivo de la racionalidad lo que me condujo hasta acá?  Solo hasta ahora creo poder descifrarlo.  A riesgo de cambiar lo que inicialmente pensaba, me parece que lo mas ajustado a la realidad es el hecho que muy a tu estilo, me pusiste en mi lugar dos veces en menos de tres días y todo esto casi sin hablarnos; me mostraste lo terriblemente inicuo que puedo llegar a ser por mi orgullo.

La verdad es que seis meses después de volver, son muchas las cosas que tengo que re interpretar cuando las veo, cuando las siento.  Llámalo orgullo o llámalo indecisión.  Es una errática forma de obrar y eso incluye decirte las cosas, hacerte saber cuánto hubiera querido verte, sin que me dijeras lo mucho que me cuesta.  

Juego de palabras es mi argumento.  Tú prefieres que sean directos contigo.  Me siento particularmente niño cuando llego a este punto, pero francamente no sé cómo buscarte sin pensar para mis adentros que solo tengo una quinta parte de tu atención y probablemente no se me incluye en "ninguno de los atractivos" a visitar en la ciudad.


Si me lo preguntaran, quisiera hacer aún más grande el shock de volverte a ver mas allá de  dejarte sin palabras, te desmayaría de una buena vez y no olvidaras nunca el Pan de Azúcar, no solo por la vista nublada de una ciudad que no se dejó ver desde las alturas, sino por la monstruosa coincidencia de dos personas que se encuentran en un momento impensado y totalmente ajeno a sus planes.


Y en últimas insisto en creer que hice bien.  No quería mezclar asuntos en un destino tan maravilloso, no quería traer recuerdos en un ambiente que cada uno de nosotros preparo por aparte para disfrutarlo con nuestros amigos.  Y es que en definitiva, yo no iba ni remotamente preparado para mirarte a los ojos y hablarte sin sentir, a la primera, que las piernas me temblaran.  

Pero no pude evitar querer verte, y la manera en que no pude hacerlo choca irónicamente con todo cuanto escribí en el párrafo anterior.  No quería mezclar cosas, quería verte, me faltaban las palabras y en mi mente brotaban cosas y preguntas sin cesar.  

Y resumo todo a una conversación a 10.000 pies de altura.  

No me arrepiento de lo que hablé, pero no puedo creer que no te haya dicho cuan linda me resulto tu mirada mientras te escuchaba hablar.   No puedo creer que no fui capaz acariciar aún más tu cabello y tu rostro.  No hubiera importado que me hubieras apartado con un garrazo....

Y quedo ahí, precisamente ahí, cuando las garras se hacían presentes y ese tremendo hocico de emociones que cuido todos los días se empezaba a inmiscuir.  Como si alguien estuviera escribiendo un capítulo de novela, creando una tensión indescriptible haciendo que el juego entre los dos protagonistas se prolongue más allá de lo que cualquier lector quisiera.  Y toda vez que finalmente se encuentran....no hubo turbulencia. No hubo sobre vuelo de espera, ni pista congestionada. Aterrizar, salir, decidir, moverse.  

Todo a una velocidad increíblemente rápida e inversamente proporcional a mi capacidad de decisión y reacción.

Bien.  Quiero creer que no soy solo yo y que tu me ayudaste, de muchas maneras.

Son muchas más las palabras que están escritas posterior a este punto.  Y no es que no quiera seguir, pero el piloto de esta iniciativa no tiene norte definido, de lo contrario estaría siendo premeditado y por ende, esta sensación de escribirte perdería todo sentido.

Entonces lo pienso y me parece mas simple ahora. Manejo una versión de un país cualquiera o un cielo aéreo extraño.  Tengo una mirada de aprobación que a través de su melena denota alegría mientras se envuelve en su camisetita del Liverpool:

Tengo una propuesta para hacerte.  No hay intenciones contenidas dentro de intrincados planes.   Simplemente Te quiero ver (te quiere ver).  Está pendiente…tu respuesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario