La verdad es que me duele mas que nunca estar solo. Me duele preguntarme por las muchas noches en que abandone lo poco que me ata en este mundo para irme a tu lado; estar junto a ti que era lo único que en verdad pensé tener. Me duele haber estado a un par de horas de haberte pedido que me esperaras porque ante la inminencia de la realidad, en cuestión de días organizaría todo para irme, desafiando mis propios instintos de planificación. Me duele haber estado tan cerca de pedirte que te casaras conmigo y sentir que aunque aceptaras, no serias mía.
Los días pasaran y muy probablemente, no quedara mas que un recuerdo vacío y letárgico, sueños de en globos de aire caliente que se elevaron lo suficiente para congelarse, tornarse inertes y desplomarse a toda velocidad contra la superficie de tu tierra y mi tierra.
La verdad es que por primera vez en mi vida logre sobreponer por mucho tiempo mi orgullo y mi racionalidad para someter mi voluntad ante ti. Probablemente nada en este mundo me garantizaba que mientras en ti el amor solo tuvo mi nombre, hubieras podido soportar mis defectos y todas las particularidades que componen mi día a día. No me importaba, porque al sentir que me amabas, dejaba de pensar en los afanes del día a día. Pocas cosas en este mundo podrían apartarme de mi decisión de amarte, de entregarte mi vida, pocas cosas lo harían.
Ponernos en el complejo filo que significaba construir nuestra relación con un prologo, basado en la distancia, si, pero que luego podria escribirse en el lugar del mundo que tu hubieras querido. Releo las palabras que anteceden este titulo y no puedo encontrar una sola mentira o exageración en todo lo que te escribí y te pude decir.
Cuando te veía y estabas a mi lado, tenia la capacidad de soñarte compartiendo nuestra vida por fin juntos. Imaginaba el día en que a pocos metros de mi, dejarías que nuestro hijo caminara hasta alcanzar mis brazos y yo podria ver en una sola escena, sus dos rostros, felices y emocionados porque podríamos entender el inmenso significado de los sacrificios que estábamos haciendo cuando vivimos separados.
Creo que no sabes que desde el inicio, tuve que doblegar mi orgullo y entrar a ganar tu amor. Las cosas que lidie y oculte, las cosas que hice y las mil que no debí hacer, todo aquello cuanto vi y me afligió, todo eso genero en mi una sensación inaplazable de saber que mi tranquilidad estaba ligada a tener tu amor; que tu mente estaba conmigo y que, ajustes y tiempos de por medio, definitivamente podía sentir que tu tenias la capacidad de diluir todo mi egoísmo para ponerlo a tu servicio. No estoy hablando de negociar con mi racionalidad o con mi sentido de planificación.
Logre sobreponer por mucho tiempo mi orgullo y mi racionalidad para someter mi voluntad ante ti. Y así hubiera seguido durante los años en que tuviera fuerzas para levantarme y besar tu rostro, enredar mis dedos en tu cabello y descansar a tu lado.
Todo cuanto soy era para ti, bajo la sencilla premisa que yo recibiera todo cuanto tu eres.
En retrospectiva la ultima frase es de cierta manera un poco tendenciosa. Porque así fue.
De todos los defectos a los que tenemos derecho, y también de todos aquellos que no queremos hacer gala, aun no entiendo porque tenias que escribir los días de nuestra era con la agonía de la perfidia.
Pocas cosas en este mundo podrían apartarme de mi decisión de amarte, de entregarte mi vida: una de ellas saber que te regodeas en tus actos, tus mitos y la increíble decisión de traicionar de la peor manera lo único que teníamos: la realidad.
Dentro de las muchas maneras en que podías decidir matarme, eliges la peor. Mentira, manipulación, distorsión de la realidad y un malévolo uso de la distancia que nos separa. No deja de ser sorprendente que pese a todas las advertencias, a todos los malos momentos y a la posición que adopté, tu prefirieras seguir llevando media vida en la oscuridad, encubriendo tus pensamientos, falseando emociones, negando realidades y derrochando historias, casi perfectas a 3000 km, pero que llevaron todo cuanto teníamos al limite.
Un limite en el que desconozco si finalmente tomarías una decisión concluyente.
Y eso en ultimas es lo que me hizo perder el control y abandonar mi compostura al evidenciar que a diferencia mía, donde yo a su debido tiempo te había prometido estar dispuesto a cambiar mi vida por unirla a la tuya, tu seguías pensando en otras posibilidades, otros amores, prohibidos o inexplorados, cercanos o lejanos. Susurros al oído, conocidos o en nuevas octavas, pero que finalmente te alejaron de mi.
Sin embargo, consiente de tu inmenso poder sobre mi, elegiste manipularme y acabar poco a poco todo lo bueno que yo tenia para darte.
A veces pienso que la torpeza en ocultar tus coartadas y las historias que inventabas para justificarte eran premeditadas. Que todas las pequeñas equivocaciones cuando me confundías, venían cuidadosamente medidas para jugar con mi ego y alborotar mi evidente comportamiento primitivo, por amarte sin restricciones.
A veces pienso que fue solo mala suerte. Para ambos claro esta. Quiero pensar sustentado en lo que pueda quedarme de nobleza, que seria mejor pensar que te tengo solo para mi (aunque no lo sea) que darme cuenta de todo lo que te motiva y tener que pasar por este amargo sentir.
Y sigo sin entender cual era la necesidad de todo eso. Era mas fácil pedirme que me alejara a forzarme a dejarte. Yo en verdad te amo (si, pese a todo lo sigo haciendo) lo suficiente para dejarte si me lo pides, porque esa es tu felicidad.
En verdad me siento herido y desconcertado, como para sentir que con estas palabras lo único que estoy tratando de hacer, es recoger algo de fuerzas para empezar a deambular por los pasos de caminos olvidados, caminos de los que tu me sacaste y ahora me devuelves, de la misma forma en que llegue a estos por primera vez.
Nunca entendiste como hacia para no desesperarme en la distancia. Es muy sencillo. Hace un año yo me di cuenta que había cometido un error muy grande en mi vida. Había antepuesto tu amor y tu presencia en mi vida, confundido e ilusionado con sueños de grandeza personal, estilos de vida ajenos a mi día a día y la promesa de un continente al que no pertenezco. El vacío y la desorientación que sentí cada día desde que aterrice mis ideas, se fue cuando te vi. Lo olvide cuando te besé de nuevo.
Un año o seis meses. Tu eras mi plan de vida, todo lo que necesitaba era que me permitieras asegurar que esos planes no estuvieran sujetos a nada de lo que tenia que dejar atrás. Que no hubiera mas despedidas, que no se quedara ningún cabo suelto, y ya fuera en Lima o en cualquier otro lado, estar contigo. No es simple, pero es una motivación. Por eso era un plan de vida. Las cosas no se hacen de un día para otro, pero si tenerte en mi vida era el plan, la distancia solo se convertía en un reto mas que estaba en camino de superar.
Sin embargo eso nunca lo entendiste, de otra manera no hubieras vivido estos meses con la intranquilidad y la inseguridad que te llevo a comportarte justo como yo mas temía. Y aunque te lo pedí mil veces, no tuviste el valor para decirme las cosas de frente y simplemente hacer que esto fuera menos doloroso.
Dejas de lado un enorme amor. Todo lo que yo siento por ti, mis sueños y ambiciones contigo. Dejas de lado a nuestro hijo peludo, que permanecerá conmigo tanto como días me queden en esta tierra. Dejas de lado mi vida. La misma que tenia planeado entregarte y que ahora, sencillamente, no encuentro como desahogar.
En primera persona, se siente horrible. Duele. Un castigo no merecido y un sin fin de preguntas y pesadillas por venir. Esa es la verdad de todo lo que siento ahora.
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